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ISRAEL, MONÁRQUICOS, REFORMISTAS Y ESTADOS UNIDOS: NEGACIÓN O INSTRUMENTALIZACIÓN DE LAS PROTESTAS EN IRÁN

“¡Pan, trabajo, libertad! ¡Abajo Jamenei! ¡Abajo Rouhaní! ¡Estudiantes y trabajadores, uníos! ¡Los ricos ociosos son la desgracia del pueblo! ¡Vamos a luchar, vamos a morir y a salvar Irán! ¡Reformistas, conservadores, su historia se acabó! ¡Los estudiantes están despiertos y hombro con hombro con los trabajadores! ¡Todos estamos desempleados y se los haremos sentir! Estas fueron algunas de las consignas que pudimos escuchar durante los pasados días de candentes protestas en más de 60 ciudades y pueblos de Irán. En un momento histórico tan crucial ¿cómo comprender y cómo comprometerse con el levantamiento actual? ¿Hostilidad, indiferencia o solidaridad? En una era en que el análisis de clase es ridiculizado y rechazado por varios esquemas liberales dentro y fuera de Irán, aquellos que eran ridiculizados hoy han tomado las calles. La pasada semana, más de mil personas fueron arrestadas en 60 ciudades, pueblos y aldeas de Irán. Las confesiones se han televisado. Y más de una docena de individuos han sido asesinados. Sin embargo, en medio de esta rebelión —es decir, de la rebelión de los desempleados, de los estudiantes, de la clase obrera y de los pensionados contra la pobreza, el desempleo y la dictadura, o, en otras palabras, contra la opresión política y económica— Estados Unidos, Israel, los monárquicos, el propio gobierno de Israel y las llamadas fuerzas reformistas, han salido o bien a negar o a instrumentalizar las protestas a favor de sus propios intereses. Trump declara su apoyo, como si la opresión política y económica no fuera el pan de cada día para Estados Unidos. Netanyahu se solidariza públicamente con los manifestantes, aunque ni él ni su gobierno han pensado nunca en el bien de ningún pueblo, sino en su propia ganancia. Los monárquicos iraníes acosan a las agencias noticiosas extranjeras para que proclamen que la mayor parte del pueblo en Irán quiere volver al sistema político de hace 40 años, que es, en el mejor de los casos, una bien difundida mentira. El gobierno de Irán y sus paramilitares han recurrido a toda suerte de técnicas para desacreditar las protestas, ya sea achacándolas a ciertas fuerzas conspirativas, como, por ejemplo el expresidente Ahmadineyad y sus partidarios, o diciendo que están instigadas por Israel, Estados Unidos y los monárquicos. Pero las que más pierden con las protestas son las fuerzas reformistas, que son parte integrante de la hegemonía del actual régimen en Irán. Consignas como “Reformistas, conservadores, su historia se ha acabado!, y “Abajo Rouhaní”, no son más que dos ejemplos de cómo los manifestantes han dejado claro su rechazo total a la falsa dicotomía de la política electoral entre reformistas y conservadores y a su programa común de neoliberalizar Irán. En pocas palabras, declaramos: Este nuevo movimiento de las clases bajas en Irán está siendo discursivamente saboteado, y al mismo tiempo asesinado por la policía y por las fuerzas paramilitares. Por lo tanto, necesita del apoyo de individuos, agencias noticiosas independientes, revistas y colectivos en el exterior. La solidaridad tiene que hacerse pública. No debemos facilitar el camino para que los poderes políticos y las fuerzas de oposición reaccionarias/dogmáticas en juego se aprovechen de las protestas y las conduzcan en su propio beneficio.

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